Las vacaciones son sinónimo de relajación, exploración y descanso, pero para muchas personas también pueden convertirse en un periodo donde los ronquidos se intensifican, afectando la calidad del sueño propio y el de quienes comparten la habitación. Los cambios en la rutina diaria, los desplazamientos largos, el jet lag en viajes internacionales y factores como el ambiente seco de aviones o hoteles contribuyen a este problema común.
El aire acondicionado en cabinas de vuelo o habitaciones deshidrata las mucosas nasales y de la garganta, aumentando la resistencia al paso del aire durante el sueño. Además, cenas más abundantes o tardías, un mayor consumo de alcohol en momentos de celebración y horarios irregulares alteran el descanso natural. El alcohol relaja excesivamente los músculos de la garganta, favoreciendo el colapso parcial de las vías respiratorias, mientras que el jet lag modifica las fases del sueño, haciendo que se pase más tiempo en etapas profundas donde los ronquidos son más notorios.
Roncar no solo genera noches fragmentadas y fatiga acumulada al día siguiente, sino que puede tensionar las relaciones con la pareja o compañeros de viaje, convirtiendo un merecido descanso en una experiencia menos placentadora. Afortunadamente, con hábitos simples y preventivos, es posible minimizar este inconveniente y disfrutar plenamente de las vacaciones.
A continuación, presentamos cinco consejos prácticos y efectivos para reducir los ronquidos cuando viajamos, basados en factores que influyen directamente en la calidad del sueño.
1. Mantén una buena hidratación durante todo el viaje. La deshidratación es uno de los principales desencadenantes de ronquidos en los desplazamientos. El aire seco en aviones, trenes o autobuses, combinado con el bajo consumo de líquidos durante el trayecto, irrita y seca las mucosas de la nariz y la garganta. Esto genera inflamación y mayor vibración al respirar mientras se duerme. Para contrarrestarlo, bebe agua de forma constante antes, durante y después del viaje. Lleva una botella reutilizable y evita bebidas deshidratantes como el café o refrescos en exceso. Al llegar al destino, continúa hidratándote, especialmente si el clima es seco o caluroso. Una mucosa bien hidratada facilita el paso del aire y reduce significativamente la intensidad de los ronquidos.
2. Evita el consumo de alcohol antes de dormir. Durante las vacaciones, es común celebrar con bebidas alcohólicas en cenas o eventos sociales, pero el alcohol es un relajante muscular potente que afecta directamente las vías respiratorias superiores. Relaja en exceso los músculos de la garganta y la lengua, promoviendo que se colapsen parcialmente durante el sueño y obstruyan el flujo de aire, lo que produce la vibración característica del ronquido. Para prevenirlo, limita o elimina el alcohol al menos cuatro horas antes de acostarte. Opta por alternativas como infusiones, agua con limón o mocktails sin alcohol. Este hábito no solo disminuye los ronquidos, sino que mejora la profundidad del sueño y evita resacas que agravan el cansancio.
3. Cena de manera ligera y con anticipación. Las vacaciones suelen incluir comidas más copiosas o a horarios inusuales, lo que impacta el sistema digestivo y el descanso. Una cena pesada obliga al cuerpo a trabajar en la digestión mientras intentas dormir, elevando la presión en el diafragma y favoreciendo el reflujo gastroesofágico, que irrita la garganta y potencia los ronquidos. Además, comer tarde altera el metabolismo y el ciclo de sueño. Lo ideal es optar por comidas livianas, ricas en vegetales, proteínas magras y carbohidratos complejos, al menos dos o tres horas antes de ir a la cama. Incluye alimentos como ensaladas, pescados a la plancha o frutas, evitando frituras, picantes o porciones excesivas. Este ajuste permite un sueño más reparador y menos interrupciones nocturnas.
4. Adopta la posición de dormir de lado. La postura al dormir juega un rol crucial en la aparición de ronquidos. Dormir boca arriba facilita que la lengua y los tejidos blandos de la garganta caigan hacia atrás por gravedad, estrechando las vías aéreas y generando vibraciones. En cambio, dormir de costado mantiene las vías respiratorias más abiertas y reduce drásticamente el colapso. Para acostumbrarte, usa almohadas que apoyen el cuerpo en esa posición o coloca una pelota de tenis en la espalda de la pijama para evitar rodar boca arriba. En hoteles, pide almohadas extras para crear un soporte lateral cómodo. Esta simple cambio posicional es uno de los remedios más efectivos y no invasivos.
5. Intenta mantener horarios de sueño regulares. El jet lag y los planes vacacionales flexibles desincronizan el reloj biológico, alterando el ritmo circadiano y las fases del sueño. Durante las etapas profundas (sueño REM y no REM), los músculos se relajan más, intensificando los ronquidos. Para minimizar esto, respeta en lo posible tus horarios habituales de acostarte y levantarte, incluso en destinos con diferencia horaria. Exposición a la luz natural durante el día, siestas cortas (menos de 30 minutos) y rutinas de relajación antes de dormir ayudan a estabilizar el ciclo. Usa aplicaciones o alarmas para recordatorios y evita pantallas brillantes en la noche.
Implementar estos consejos transforma las vacaciones en un verdadero periodo de recuperación. Los ronquidos ocasionales por viajes son comunes y manejables con prevención, pero si son frecuentes, intensos o van acompañados de pausas respiratorias, somnolencia diurna excesiva o otros síntomas, es recomendable consultar a un especialista.
Detectar causas subyacentes permite soluciones personalizadas, como dispositivos orales o tratamientos médicos. Viajar con un sueño de calidad no solo recarga energías, sino que fortalece los vínculos y maximiza el disfrute de cada experiencia. ¡Aplica estos hábitos y despierta renovado en tus próximas aventuras!










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