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Casas Grandes, Pueblo Mágico del estado de Chihuahua, lleva el mismo nombre, pero en español, del sitio arqueológico de Paquimé, urbe precolombina esplendorosa que conserva hasta nuestros días los misterios de sus vastos asentamientos sin explorar.

A 363 kilómetros de la ciudad de Chihuahua, Casas Grandes suma el atractivo de las ruinas arqueológicas de lo que fue un pueblo de elevada cultura a la presencia de manifestaciones culturales más contemporáneas, lo que lo convierte en un Pueblo Mágico lleno de contrastes y con muchos aspectos por explorar.

Descubierto en 1565 por los primeros exploradores españoles, fue nombrado más de 100 años después por monjes franciscanos como San Antonio de las Casas Grandes. Como cabecera del municipio, recibe a sus visitantes con sus secas temperaturas de 16 grados, su río homónimo protegido por álamos, su pintoresca plaza principal y su antiguo templo parroquial.

Qué visitar en Casas Grandes Pueblo Mágico

Sin lugar a dudas, el atractivo principal de este Pueblo Mágico chihuahuense es el sitio arqueológico de Paquimé, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998 porque es un testimonio excepcional de las relaciones entre los Pueblos del Norte de México y Mesoamérica, y ofrece evidencia única de la construcción con tierra y de su ensamble arquitectónico.

Durante la época de esplendor de Paquimé, entre el 900 y el 1200 de nuestra era, vivieron en él más de tres mil personas. En este lugar convergieron tradiciones culturales tan lejanas como las del Desierto, las de Occidente y las del Centro de México, generando una cultura distintiva. Sus formas de organización social, sus estrategias de supervivencia, el manejo de sus recursos naturales, su sistema religioso, sus manifestaciones artísticas y los vestigios de su arquitectura han significado un símbolo de inspiración para la cultura contemporánea.

Los paquimenses construyeron las paredes de sus casas empleando madera para modelar los muros. Los techos eran de vigas y tierra apisonada. Construyeron más de mil cuartos para dar forma a Las Casas Grandes que llegaron a tener hasta cuatro pisos de altura. Su legado material consiste en miles de vasijas decoradas en las que plasmaron sus propios rostros, las formas de sus cuerpos, los animales de su entorno y muchas otras figuras más.

Otro sitio arqueológico cercano a Casas Grandes es el Arroyo de los Monos, que guarda vestigios de las culturas Hohoka, Mogollón y Anasazi. Además de la belleza natural del arroyo, los visitantes pueden apreciar una serie de petrograbados hechos sobre las rocas, en los que predominan las figuras humanas, animales y escenas de cacería, y algunas representaciones abstractas.

Junto al esplendor prehispánico, en Casas Grandes subsisten muestras de arte y cultura de la época colonial, así como maravillas naturales. Tal es el caso de la Hacienda San Diego, a poco más de diez kilómetros al sur del poblado, que perteneció a don Luis Terrazas, terrateniente que llegó a ser dueño del 10% del territorio de Chihuahua a principios del siglo XX.

La hacienda tenía en su interior un manantial de aguas termales y unos baños de vapor, así como 40 habitaciones, grandes patios y una hermosa fuente. El tren paraba a menos de un kilómetro de su puerta y los principales ríos del estado confluían también muy cerca. El contraste de la prosperidad de antaño con sus condiciones actuales es un mudo testigo de las condiciones que ha atravesado el municipio en el último siglo.

En cuanto a las atracciones naturales de Casas Grandes, la Laguna Rodolfo Fierro debe su nombre a una triste anécdota. El 14 de octubre de 1915, quien fuera el brazo derecho de Francisco Villa, el general Rodolfo Fierro, divisó una laguna extensa pero poco profunda, casi una charca donde el viento no hacía oleajes, semejante a un cristal ahumado, por lo que pensó que podría cruzarla fácilmente. Se adentró en ella sobre las fuertes patas de su caballo, acompañado por su regimiento; conforme iban avanzando, cincuenta, ciento cincuenta, doscientos metros, las herraduras se atascaron cada vez más en el fango del fondo y los caballos comenzaron a fatigarse.

Su regimiento retrocedió, pero Rodolfo Fierro no se amedrentó. Apretó más a su caballo para hacerlo avanzar, a pesar de notar su creciente nerviosismo. Cuando se dio cuenta de que no iba a avanzar más, ya con miedo intentó bajar del animal y continuar por su cuenta. Su ánimo se tornó en pánico cuando él mismo se hundió en el lodo congelado, que parecía más bien mantequilla. Su cuerpo pesaba demasiado, pues iba todo cubierto con precioso oro: los bolsillos abultados del pantalón, el pliegue de su camisola al voltearse sobre el cinturón ajustado, las bolsas de lona colgadas de la montura… Poco a poco, sus insultos y sus gritos de auxilio se fueron tornando débiles, hasta que la laguna quedó en silencio y volvió a lucir casi como una charca donde el viento no hacía oleajes, semejante a un cristal ahumado.

Esta historia es contada por los mormones de la Colonia Juárez, quienes se asentaron en ese territorio a mediados del siglo XIX y construyeron en 1865 esta laguna artificial para distribuir el agua del río Casas Grandes para la siembra a través de Nuevo Casas Grandes, Casas Grandes, y las Colonia Dublán e Hidalgo. Actualmente, además de su fin utilitario puede ser visitada por los turistas, que realizan actividades como la pesca y el esquí acuático.

Hablando de pescar, una actividad muy extendida en la región es la cría de truchas, sobre todo en los municipios de Bocoyna, Guachochi y Madera, en donde además se crían carpas, bagres y mojarras tilapias, pues las características de su entorno son perfectas para ello.

Casas Grandes vale la pena sobre todo por los sitios a su alrededor, una mezcla heterogénea de manifestaciones culturales e históricas. Sin embargo, el centro del pueblo también ostenta su encanto, en singulares construcciones como el Palacio Municipal, en pie desde 1903, el Salón de Actos, sede de la vida cultural de la población, y los murales callejeros pintados por artistas locales, que representan las diversas etapas de la historia regional.

En Nuevo Casas Grandes, la localidad más moderna del municipio, se puede disfrutar la mayor oferta turística compuesta por bancos, restaurantes gourmet, cómodos hoteles, cocinas tradicionales y bares con atmósfera vaquera, como el famoso Arizona y Pistoleros, el mejor lugar para bailar música norteña.

Lo imperdible en Casas Grandes Pueblo Mágico

El sitio arqueológico de Paquimé alberga en su interior más que su impresionante arquitectura. Tal es el caso de los juegos de pelota, el vestigio más grande del carácter cosmopolita de la urbe prehispánica, pues se trata de una actividad característica de los pueblos del sur. Estos juegos, emplazados estratégicamente en los extremos norte y sur de los asentamientos, son representaciones arquitectónicas de un posible conflicto interno: quienes construyeron el juego de pelota querían realzar su práctica en Paquimé como una declaración política y cultural.

Fue así como los grupos del norte, vinculados al culto ancestral del águila y la guacamaya, símbolos de su linaje, fueron obligados a realizar esta práctica que implicaba, entre otros aspectos, el sacrificio para la renovación del ciclo vital. Así, con el juego de pelota se introdujeron a la cosmogonía aridoamericana ideas de vida y muerte, de seres del inframundo y de cuerpos celestes, que impactó de manera profunda el pensamiento colectivo del pueblo de Paquimé, y en general de los del norte.

Todo esto y más puede ser indagado en el Museo de las Culturas del Norte, que alberga una de las más bellas colecciones arqueológicas del México antiguo recuperada durante las excavaciones de Paquimé y otros importantes sitios arqueológicos de la región conformada por el norte de México y el suroeste de Estados Unidos, conocida como Gran Chichimeca, así como su estrecha relación con los distantes pueblos de Mesoamérica.

Otro destino imperdible del pasado prehispánico de Casas Grandes es el Valle de las Cuevas, donde se encuentran la Cueva del Rincón, la Cueva de la Olla y la Cueva de la Laja, donde habitaron los primeros pobladores antes de la construcción de Paquimé. Se trata de la evidencia mejor conservada de la ocupación humana en la región, con los vestigios dejados por los primeros cazadores recolectores que las usaron como refugio. Estas cuevas sirvieron para el florecimiento de las primeras aldeas agrícolas de la región, y como escondite a los grupos de aguerridos apaches que estaban siendo exterminados en el sur de Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XIX.

Justamente los desplazamientos ocurridos en el país vecino, junto con la apertura del gobierno de Porfirio Díaz a los migrantes extranjeros, trajo a Casas Grandes otra de sus particularidades: la Colonia Juárez, fundada por un grupo de 350 mormones en 1885, que venían huyendo de la persecución a sus prácticas poligámicas.

Después de los ires y venires de la Revolución Mexicana, es actualmente una próspera y tranquila comunidad dedicada sobre todo a la agricultura, en el cultivo de huertos de manzanas y duraznos orgánicos, principalmente, así como a la producción de conservas y leche de granja.

Con una población de 1350 personas, sus calles lucen como un poblado típico anglosajón, con casas victorianas de líneas perfectas y techos de dos aguas, llanuras impecables y dos construcciones sobresalientes: el Templo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, considerado el más pequeño del mundo, y la Academia Juárez, una de las mejores preparatorias bilingües de todo el país. En su Centro de Historia Familiar se puede investigar profundamente sobre las raíces mormonas en México.

Otra localidad digna de visitar en Casas Grandes es la de Juan de Mata Ortiz, que surgió como un reconocido centro alfarero gracias al entusiasmo de uno de sus pobladores, Juan Quezada, quien en los años 50 descubrió la magia de la artesanía Paquimé, desbalagada en cuevas y terracerías aledañas, y decidió crear sus propios diseños a partir de la misma técnica y estilo.

Su actividad sacó de la miseria a su municipio, pues un golpe de suerte llevó a sus vasijas a ser descubiertas por el antropólogo Spencer McCallum en una tienda de curiosidades del sur de Estados Unidos, quien se convirtió en promotor de esta nueva tradición artesanal surgida de las raíces de un lejano pasado y las llevó a los museos y galerías del mundo.

En la actualidad, existen más de 600 familias en Mata Ortiz que se han apropiado del arte de la alfarería, perfeccionando técnicas y materiales, implementando sus propios estilos, y creando piezas que incluso han recibido premios de la UNESCO, y servido como regalo a personalidades como el Papa Juan Pablo II.

Pero no todo es historia y tradición en Casas Grandes. Para quienes buscan actividad física, existen dos excelentes opciones. La primera es el Rancho La Manga, uno de los centros recreativos más importantes de Chihuahua, parte de la red de alojamiento del Circuito Casas Grandes - Madera. En sus cabañas y jardines se pueden disfrutar paisajes impresionantes cubiertos de bosques de pino y encino, envueltos en la niebla en la temporada de lluvias y en la nieve durante el invierno. En La Manga se pueden disfrutar actividades como acampar, rentar caballos y motos, visitar el zoológico, comer truchas de los criaderos, caminar en sus senderos y convivir con venados y animales de granja.

El segundo sitio es la Reserva de la Biósfera Janos, a 60 km de Casas Grandes. Este hermoso territorio lleno de hermosos pastizales dorados al sol está lleno de contradicciones. Por un lado, es hogar de una extraordinaria diversidad de especies animales; en sus altos pastos se alimenta la última comunidad silvestre de bisontes, que pulula entre Chihuahua y Nuevo México a lo largo del año. Sus madrigueras subterráneas alojan a la mayor población de perritos llaneros de la región, pues en Estados Unidos han sido exterminados casi en su totalidad a pesar de su relación simbiótica con hurones, coyotes, lechuzas y águilas reales. En su paisaje de montañas y planicies habitan también osos negros, venados, borregos cimarrones, pecaríes, pumas, gatos monteses, mapaches, liebres, conejos y ardillas, entre otros.

La otra cara de esta belleza tiene que ver con la actividad humana: la presencia de grupos menonitas y ejidatarios dedicados a la agricultura industrial y a la ganadería extensiva está terminando con las ya de por sí escasas reservas de agua de los mantos freáticos y superficiales. Irónicamente, esta sobreexplotación ha significado un repunte de la bonanza económica, que de seguir el mismo curso, no durará mucho.

La Reserva de Janos no cuenta con instalaciones aptas para el turismo, pues su objetivo es preservar la fauna y alcanzar la sustentabilidad. Sin embargo, es posible pedir una cita e incluso hospedarse en sus rústicas instalaciones, como hacen cada invierno los ornitólogos que acuden a estudiar a las más de 250 especies de aves que sobrevuelan la zona.

Las mejores fechas para visitar Casas Grandes son durante el Festival Internacional de Chihuahua, entre finales de septiembre y principios de octubre, que desde 2005 se ha posicionado como uno de los más importantes del país, pues cada año lleva espectáculos nacionales e internacionales a sus 67 municipios, que incluyen eventos de distintas disciplinas del arte como teatro, danza, música, literatura, cine, pintura y fotografía.

También el Festival de las Casas Grandes, a mediados de octubre, es un esfuerzo anual que tiene como objetivo promover el conocimiento acerca del patrimonio arqueológico relacionado con Paquimé, además de actividades artísticas y culturales que lo reivindiquen como un espacio de encuentro entre culturas con conferencias, exposiciones, obras de teatro, talleres y presentaciones musicales.

Qué comer en Casas Grandes Pueblo Mágico

Los sabores del norte están presentes en este Pueblo Mágico: los cortes de carne, la machaca, el queso menonita, mantequilla, variedades de chile seco como el chiltepín y el pasado, las conservas y los dulces elaborados con frutas, se mezclan para brindar una gastronomía que ofrece platos como los tradicionales burritos, frijoles con queso, tortas de lomo de puerco y carne seca al chile colorado o vallero, acompañados de delicioso y refrescante sotol.

Esta variedad de ingredientes se presta para las fusiones con cocinas de otros lados del mundo, como la comida italiana con sabores locales ofrecida en el restaurante Trattoria Ducale, en Nuevo Casas Grandes, las pizzas elaboradas por la comunidad menonita de El Capulín, o las carnitas de pavo del restaurante Pompeii.

Qué comprar en Casas Grandes Pueblo Mágico

Es imposible visitar la comunidad de Juan de Mata Ortiz y no quedar encantado por su trabajo en cerámica. Dividida en cinco barrios, cada uno ha desarrollado su estilo, por lo que la oferta es vasta y va desde la más tradicional, del maestro artesano Juan Quezada, hasta la más contemporánea, representada por el colectivo Mata Ortiz Grupo 7. Existen piezas para todos los gustos y presupuestos; en general, la cerámica de esta comunidad se caracteriza por la policromía en tonalidades ocres y rojos, así como sus diseños geométricos con simetría.

En Nuevo Casas Grandes es posible adquirir productos típicos del norte, en talabarterías como La Vaquerita, que ofrecen accesorios, ropa y calzado, principalmente.

Para dormir en Casas Grandes Pueblo Mágico

La oferta hotelera en este municipio es muy reducida; solamente la ciudad de Nuevo Casas Grandes cuenta con dos buenos hoteles: la Casa del Nopal es un lugar con historia, pues en ella se parapetaron las fuerzas federales durante la Revolución Mexicana. Actualmente, es un excelente lugar para descansar, con muebles antiguos y cómodas habitaciones y espacios comunes.

La otra opción es el hotel y galería de arte Las Guacamayas, cuyo diseño fue supervisado por el artista local Juan Quezada, por lo que su método de construcción de tierra apisonada hace honor a la arquitectura de la ciudad prehispánica de Paquimé. Cuenta con 15 confortables habitaciones y un amplio jardín con vista al Museo de las Culturas del Norte; en su cafetería La Tertulia se ofrece el desayuno mexicano, incluido en el costo de la habitación. Dentro de su galería se puede apreciar el talento de los mejores alfareros de Mata Ortiz.

Para mayor información sobre Casas Grandes Pueblo Mágico

Dirección de Turismo de la Secretaría de Economía de Chihuahua

Av. Don Quijote de la Mancha 1, Complejo Industrial Chihuahua, Chihuahua, Chihuahua

Teléfono: 01 800 508 0111



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Como Llegar  Playas Mexico

Cómo Llegar a Casas Grandes Pueblo Magico Chihuahua

Se puede llegar a Casas Grandes en avión, al aeropuerto de Ciudad Juárez, a través de AeroMéxico, Interjet y VivaAerobus. De ahí, es necesario continuar en automóvil, 280 km a través de la Carretera Federal 2 hasta Janos, y continuar por las Carreteras Estatales 10 y 4. Por autobús, en Ciudad Juárez salen las líneas de Transportes Chihuahuenses, Futura y Norte de Sonora hacia Nuevo Casas Grandes, donde se puede abordar un colectivo cada media hora o taxis que lleven hasta el Pueblo Mágico.





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